miércoles, 19 de diciembre de 2012

Adicción al sexo

Dr. Enrique Echeburúa.



La importancia concedida a la sexualidad es muy variable de unas personas a otras y no está relacionada directamente con el grado de salud mental. Hay personas sanas en que la motivación sexual es muy baja y otras, en cambio, en que es muy alta. Sin embargo, la adicción al sexo, a diferencia de la sexualidad normal -más o menos alta-, se caracteriza porque el objetivo de la conducta es más la reducción de un malestar que la obtención de un placer. El sexo se convierte en un remedio para reducir la ansiedad y la actividad sexual se transforma en algo morboso y obsesivo (Mellody, 1997).

La adicción al sexo, que afecta más a hombres, consiste en un exceso desbordante de deseos y de conductas sexuales que el sujeto se siente incapaz de controlar. El impulso incontrolado se convierte en una conducta sexual breve, frecuentemente poco satisfactoria, que se repite con intervalos variables siempre cortos -entre algunas horas y escasos días-, con mujeres distintas y sin reparar en los prejuicios de toda índole que tal conducta ocasiona a uno mismo y a su familia. A veces se puede invertir hasta cuatro horas diarias, pero los pensamientos sobre el tema pueden ser casi constantes. De este modo la conducta amorosa se reduce a una mera urgencia biológica irreprimible, con el único objetivo de la penetración/eyaculación y sin dejar espacio a la comunicación, a la ternura. Se considera a las personas sólo en función del sexo, que se convierte, de esta forma, en la única vía para conseguir una gratificación personal y afectiva (Alonso-Fernández, 1996).

Se trata de un tema recurrente en el cine y en la literatura, desde Catherine Deneuve en Belle de Jour hasta la inolvidable Lulú, el personaje de Almudema Grandes que deambula por ambientes sórdidos a la búsqueda de todo tipo de experiencias con las que superar la dependencia de su amor verdadero.

Más allá de la cantidad, lo que aparece en primer plano es una conducta sexual irrefrenable que genera autogratificación y, especialmente, el alivio de un malestar interno. Se trata de conductas no deseadas -ahí está la diferencia con la promiscuidad o con el apasionamiento- y que producen consecuencias muy negativas para el sujeto: físicas (enfermedades de transmisión sexual), psicológicas (sentimientos de culpa y vergüenza, ruptura matrimonial no deseada, daño a los hijos, autoestima devaluada, soledad, etc.) y sociales (pérdida de empleo, devaluación de estatus socioeconómico, etc.). Esta vorágine de sexo sin control lleva a un abandono de las obligaciones familiares, sociales y laborales. La vida sexual se vive en secreto y con culpa. La depresión, incluso con ideas de suicidio, está muy asociada a este tipo de conductas (Earle, Earle y Osborn, 1995).

Características de la adicción al sexo

  • Conductas no deseadas
  • Interferencia en la vida diaria
  • Enfermedades de transmisión sexual
  • Sentimientos de culpa
  • Ruptura de pareja no deseada
  • Sexo como alivio de un malestar
Las mujeres afectadas sufren una doble sensación de vergüenza  en función d su rol de protección de la familia, y experimentan un deseo brutal de la autoestima (Norwood, 1986).

La adicción al sexo puede revestir diversas formas: masturbación compulsiva, búsqueda ansiosa de relaciones sucesivas con múltiples amantes, frecuentación habitual de prostíbulos, consumo abusivo de teléfonos eróticos, llamadas telefónicas obscenas o recurso irrefrenable a las páginas de internet dedicadas al sexo, en donde se intentan satisfacer fantasías sexuales de toda índole. El contenido de la adicción puede referirse a una sexualidad normal (es decir a relaciones consentidas con adultos) o a una sexualidad parafílica (por ejemplo, el exhibicionismo o la pedofilia).

Conductas implicadas en la adicción al sexo

  • Autoerotismo compulsivo
  • Búsqueda ansiosa de múltiples amantes
  • Frecuentadores habituales de prostíbulos o de teléfonos eróticos
  • Conducta hipersexual y obsesiva con una relación.
La tecnología actualmente disponible ha posibilitado la aparición de nuevas variantes. En concreto, las líneas telefónicas party-line y las eróticas constituyen para algunas personas una vía de adicción al sexo., mantenida inicialmente por reforzadores positivos -una forma de entretenimiento, de excitación- y controlada finalmente por reforzadores negativos -el alivio del malestar-. En algunos casos los sujetos pueden llegar a percibir la conducta como incontrolable y a ver limitada seriamente su vida a nivel personal, familiar, económico y social (Guerricaechevarría y Echeburúa, 1977). Estas líneas presentan unas características determinadas que facilitan la dependencia. En primer lugar, la disponibilidad ambiental de éstas es total: en todos los hogares hay un teléfono y los números de estas líneas están ampliamente difundidos. La tentación de llamar -y de poder hacerlo en un entorno discreto- es, pues, muy fuerte. En segundo lugar, la gratificación obtenida es inmediata; sin embargo, el estímulo punitivo -el gasto de la llamada- se demora hasta la recepción de la factura del teléfono. En tercer lugar, el funcionamiento intrínseco de las líneas party-line potencia la percepción de control: el que llama no tiene más que apretar un botón para cambiar de interlocutor, pudiendo variar cuantas veces lo desee y sin tener que dar la cara ante la otra persona. Y por último, la búsqueda de la persona deseada (generalmente de sexo opuesto) suscita una gran tensión emocional en el caso de las líneas party-line, y una excitación sexual, en el caso de las líneas eróticas, que pueden aliviarse con conductas masturbatorias.

El consumo abusivo de alcohol o de drogas suele estar asociado a la adicción al sexo. De hecho, la función desinhibidora del alcohol facilita la implicación en conductas sexuales que generan un grado de malestar en las personas en los momentos de lucidez.

La transición de una sexualidad alta, pero normal, a una sexualidad adictiva viene marcada fundamentalmente por dos variables: 

a) la interferencia grave en la vida cotidiana (sufrimiento y autodestrucción, soledad, pérdida de familia, incapacidad de mantener una relación afectiva duradera, etc.);

b) aparición del síndrome de abstinencia cuando no se puede llevar a cabo la conducta sexual (nerviosismo, irritabilidad, dolores de cabeza, temblores, insomnio, etc.). 


Los signos alertadores de la adicción al sexo son múltiples:

a) fantasías sexuales alejadas de la relación de pareja

b) conductas sexuales anónimas, múltiples y breves

c) sexualidad comprada (prostitutas, teléfono erótico, etc.)

d) conductas de "voyeurismo"

e) acoso sexual a personas dependientes del sujeto

f) contactos con niños

Aunque no se conoce con detalle el origen de esta adicción, algunas dimensiones de personalidad (impulsividad, autoestima deficiente, etc.), antecedentes en la infancia (abusos o traumas sexuales) o en la adolescencia (rechazos en el ámbito afectivoerótico) o diversos elementos situacionales actuales (soledad o vacío existencial, relación de pareja insatisfactoria, etc.) parecen desempeñar un papel importante.

Tomemos este aporte del Dr. Echeburúa, como un insumo que debe ser ubicado en el contexto y época en que vivimos, para reflexionar sobre este importante aspecto de la vida de los sujetos.














domingo, 9 de diciembre de 2012

ADICCIONES SIN DROGAS ?

No es pobre quien poco tiene, sino quien más desea.
Lucio Anneo Séneca.

En esta oportunidad vamos a compartir el pensamiento del Dr. Enrique Echeburúa, sobre un tema que ya no resulta tan novedoso, pero que tiene actualidad por la época en que vivimos y que son producto de más de dos décadas de investigaciones sobre el campo de adicciones.

LAS NUEVAS ADICCIONES:

Juego

Sexo

Comida

Compras

Trabajo

Internet

Todas las adicciones acaban por minar la vida de quienes las sufren y de todos los que le rodean.

En este sentido cobra cobra gran relevancia conocer los factores de vulnerabilidad, que hacen que unas personas tengan más probabilidad de ser adictos que otras.

No olvidemos que muchos llevamos a cabo conductas que pueden producir adicción, pero sólo unos pocos las van a padecer. De ahí que este sea un aspecto de gran relevancia no sólo para el tratamiento sino para la prevención e incluso para el desarrollo de medidas legislativas sobre ciertas conductas que pueden producir - o ya producen- adicción.

El siglo XXI se está caracterizando por las conductas adictivas; es un fenómeno en aumento y otras nuevas adicciones probablemente irán surgiendo en los próximos años.

Las drogas tienen una notable capacidad de aumentar los niveles de un neurotransmisor denominado dopamina. Precisamente el aumento de dopamina en el cerebro de los adictos es lo que provoca el subidón -la sensación de euforia- producido, por ejemplo, por la cocaína. Pero la dopamina puede aumentar también con un contacto sexual, un atracón de comida, el placer de comprar por comprar o el enganche de una máquina tragamonedas. Los sujetos una vez adictos a una sustancia o a una conducta, se habitúan a altas concentraciones de dopamina.

La distinción entre drogas duras y drogas blandas es irrelevante. Más que el tipo de sustancia, lo que importa en una toxicomanía es la dependencia y, en último término, la pérdida de libertad de la persona. Los componentes fundamentales de los trastornos adictivos son la pérdida de control y la dependencia.

Cualquier conducta normal placentera tiende a repetirse y es, por ello, susceptible de convertirse en un comportamiento adictivo. Pero esto sólo ocurre cuando el sujeto muestra una pérdida habitual de control al realizar una determinada conducta, continúa con ella a pesar de las consecuencias negativas, manifiesta una dependencia de la misma, no puede quitársela de la cabeza, se muestra desasosegado si no puede llevarla a cabo de inmediato y por último, pierde interés por otro tipo de actividades que antes le resultaban gratificantes.

LÍMITES ENTRE LAS CONDUCTAS NORMALES Y LAS CONDUCTAS ADICTIVAS

  • Pérdida de control
  • Fuerte dependencia psicológica
  • Pérdida de interés por otras actividades gratificantes
  • Interferencia grave en la vida cotidiana.
Las adicciones psicológicas (adicciones sin droga) no figuran incluidas como tales en el DSM-IV (American Psyquiatric Association, 1994) ni en la CIE- IV (Organización Mundial a la Salud, 1992).

Esto lo cuestiona el Dr. Echeburúa, indicando que es un error, ya que el perfil clínico de las adicciones psicológicas y el enfoque terapéutico requerido son muy similares a los del resto de las adicciones. Algunas adicciones como la ludopatía o la adicción al trabajo, están fomentadas por la sociedad actual, en la que prima el éxito y el dinero rápido. Así mismo la adición a las compras no es ajena a los valores sociales, que impulsan al consumo en una sociedad en la que se es tanto más cuando más se tiene y que no ve ningún peligro en el consumo desmesurado.

Vicio es una categoría moral; las adicciones psicológicas, sin embargo, constituyen un trastorno mental.

ADICCIONES PSICOLÓGICAS Y ADICCIONES QUÍMICAS

La experimentación del síndrome de abstinencia es el núcleo fundamental de todas las adicciones, sean estas químicas o psicológicas. Las características más comunes del síndrome de abstinencia son las siguientes:

  • Impulso en forma de deseo intenso
  • Tensión creciente hasta la ejecución de la conducta
  • Desaparición temporal de la tensión
  • Vuelta gradual del impulso asociada a estímulos internos y externos
  • Condicionamiento secundario a dichos estímulos.
a) Impulso intenso para realizar una conducta que trae consigo efectos perjudiciales para la persona que la ejecuta.

b) Tensión creciente (humor depresivo, irritabilidad, deterioro de la concentración, trastornos del sueño, etc.) hasta que la conducta es llevada a cabo.

c) Desaparición temporal de la tensión.

d) Vuelta gradual del impulso con fuerza creciente, que está asociada a la presencia de estímulos internos (disforia, tensión emocional, aburrimiento, recuerdos del placer experimentado en ocasiones anteriores, etc.) y externos (olor a alimentos en el caso de un adicto a la comida o la visión de una mujer a solas en el caso de un sexoadicto).

e) Condicionamiento secundario a dichos estímulos internos y externos.

Las adiciones psicológicas, no son tan comunes como las adicciones químicas.

Con respecto al síndrome de abstinencia, en ambos tipos de adicciones hay una pérdida de control. Una posible diferencia es que entre las drogas con una dosis se controla el síndrome de abstinencia; en las adiciones psicológicas, por el contrario, el paciente -un jugador patológico o un adicto a las compras, por ejemplo- puede pasar horas, incluso días jugando o comprando sin que ello ponga fin a su abstinencia.

VULNERABILIDAD PSICOLÓGICA A LAS ADICCIONES

El ser humano necesita alcanzar un nivel de satisfacción global en su vida. Normalmente, éste se obtiene repartido en diversas actividades: la familia, el trabajo, el sexo, la comida, las aficiones, el deporte, etc. Según señala Bertrand Russell en la conquista de la felicidad, el mayor número de aficiones e intereses de una persona está en relación directa con una mayor probabilidad de ser feliz. Las carencias en una dimensión puede compensarse, en cierto modo, con las satisfacciones obtenidas en otra.

Por el contrario, si una persona es incapaz o se siente especialmente frustrada en una o varias de sus facetas, puede entonces centrar su atención en una sola. El riesgo de adicción en estas circunstancias es alto. De este modo, la adicción es una afición patológica que, al causar dependencia, restringe la libertad del ser humano (Alfonso Fernández, 1996).

En algunos casos hay ciertas características de personalidad o estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones: la impulsividad; la disforia (estado anormal de ánimo que se vivencia subjetivamente como desagradable y que se caracteriza por oscilaciones frecuentes del humor); la intolerancia a los estímulos displacenteros, tanto físicos (dolores, insomnio, fatiga, etc.) como psíquicos (disgustos, preocupaciones, responsabilidades, etc.); y la búsqueda exagerada de sensaciones. Hay veces, sin embargo, en que en la adicción subyace un problema de personalidad -de baja autoestima, ejemplo- o un estilo de afrontamiento inadecuado ante las dificultades cotidianas.

FACTORES PSICOLÓGICOS DE PREDISPOSICIÓN

  • Estado de ánimo disfórico
  • Intolerancia a los estímulos displacenteros
  • Impulsividad
  • Búsqueda de sensaciones
  • Autoestima baja
En último término se trata de personas que carecen de un afecto consistente y que intentan llenar esa carencia con sustancias químicas (alcohol y otras drogas ) o sin sustancias (compras, juegos, ordenadores o trabajo). Porque el cariño llena de sentido nuestra vida y contribuye de forma decisiva a nuestro equilibrio psicológico.

En resumen, un sujeto con una personalidad vulnerable y una cohesión familiar débil corre un gran riesgo de hacerse adicto si cuenta con un hábito de recompensas inmediatas, tiene el objeto de la adicción a la mano, se siente presionado por el grupo y está sometido a circunstancias de estrés (fracaso escolar, frustraciones afectivas, competitividad, etc.) o de vacío existencial (inactividad, aislamiento social, falta de objetivos, etc.).

INICIO Y MANTENIMIENTO DE LAS ADICCIONES PSICOLÓGICAS

INICIO:

1. Vulnerabilidad psicológica

2. Actividades placenteras

3. Presión social

MANTENIMIENTO:

1. Déficits de autocontrol y del control de impulsos

2. Dependencia

3. Falta de actividades gratificantes

La adicción surge entre las actividades placenteras y la dependencia a ellas




En la siguiente entrega estaremos abordando la adicción al juego.









FAMILIA Y PREVENCIÓN INTEGRAL

Conceptos sobre familia

"Es el origen, la fuente, la encrucijada de todas las relaciones. Es el primer punto de encuentro de la vida biopsíquica, social y espiritual; es el nido esencial de la comunidad más íntimo y más estable que el hombre y la mujer puedan construir entre sí, dando origen al sistema de relaciones más necesario para el género humano y es la primera comunidad donde el valor personal y el valor social, irradian para vivificar a la humanidad".

Compartimos plenamente esta definición de Cistemas y Lamus, ya que integra todos los elementos y relaciones que se dan en la dinamia familiar.

Peña Vega nos ilustra con este concepto: "Es el conjunto de personas que viven habitualmente bajo el mismo techo, y por otra parte están ligadas entre ellas por lazos de parentesco, afinidad, de afecto o amistad". Es decir, aquí se destaca que lo importante en la familia, es la relación que se de en su convivencia.

Fernando Savater, en su obra El Valor de Educar, indica: "La educación familiar funciona por la vía del ejemplo, no por sermones discursivos de trabajo, y está apoyado por gestos, hábitos del corazón, chantajes afectivos junto a la recompensa de caricias y castigos distintos para cada cual, cortados a nuestra medida".

Gimeno Callado la define como "Una unidad de personas en interacción"; indicando finalmente que la familia se comporta como un sistema compuesto de individuos en relación duradera y sujetos a influencia de su entorno. La familia es algo más que la simple suma de sus miembros y sus características.

Con el objeto de resaltar la importancia de la participación de la familia en el procesos de orientación preventiva al consumo de Sustancias Psicoactivas, se señalan algunas características que debe reunir para contribuir efectiva y positivamente al proceso formativo en valores; lo que representa una fortaleza personal frente al consumo de sustancias.

Características

1. Buena relación de pareja: respeto, afecto, capacidad de escuchar y manera adecuada de abordar la resolución de conflictos.

2. Ausencia o bajo consumo de alcohol en los padres.

3. Ausencia de consumo de Sustancias Psicoactivas en los padres.

4. Presencia de ideas religiosas o espirituales en los padres.

5. La realización conjunta de actividades de padres e hijos, tales como paseos, juegos, visitas sociales, eventos escolares, compartir algunas comidas de forma regular. Estas actividades impiden el aislamiento de sus miembros.

6. Expresión abierta y cotidiana de cariño y afecto entre los diferentes miembros de la familia, mediante abrazos, caricias, palabras o gestos.

7. Reconocer, hablar y señalar en forma explícita y con regularidad de la creatividad, habilidades, capacidades y cualidades de cada uno de los integrantes de la familia, manteniendo una actitud de permanente asombro ante sus cambios y desarrollo.

8. Contar con reglas claras y coherentes que son producto de la concertación y del consenso; donde los roles están bien definidos y los límites entre generaciones posibilitan a su vez, la diferencia y la armonía.

9. Diálogo abierto, cariñoso, oportuno y muy atento sobre los diferentes temas que preocupan a cualquier miembro de la familia: "siempre cuenta conmigo, siempre puedo contar contigo".

10. La presencia de rituales que acercan o unen a la familia tanto en momentos de alegría que emanan de celebraciones conjuntas de cumpleaños, aniversarios, fiestas, triunfos; como en horas de tristeza ante la muerte, la tragedia, la derrota, etc. dado que ello le permite crear una red de apoyo, solidaridad y de sentido de pertenencia.

11. Contar con historias compartidas. El ser humano para afianzarse en su realidad, requiere las raíces que le ofrece el saber de dónde viene y qué le brindan los hechos en los cuales se reconoce como protagonista.

12. L desautorización de un padre a otro en presencia de los hijos, no se presenta o es rara. Las naturales discrepancias de los padres, son resueltas en ausencia de los menores o delante de ellos con una actitud de respeto y diálogo respetuoso; enmarcándolo dentro de la normalidad de las relaciones familiares; así, las discrepancias entre sus padres, los hijos las verán como las que todas las personas tenemos y que son normales.

13. Existe autonomía de los miembros de la familia, sin desconocer su estado de interdependencia y reciprocidad. Dentro del marco de respeto a la cultura y valores familiares, tanto los hijos como los padres pueden escoger con libertad sus creencias religiosas, manera de vestir, gustos, trabajo y profesión.

Se requiere trabajar en la educación y orientación familiar, como un elemento básico para la formación en valores, lo que sin lugar a dudas, disminuye la vulnerabilidad de los sujetos frente al consumo de Sustancias Psicoactivas.

Recordemos que sin familia no hay prevención.





QUÉ SON LOS VALORES ?

Los valores son distinciones de configuraciones relacionales que se dan en la convivencia, que obtienen su legitimidad desde el amor.

Todos los valores referidos en la literatura se fundan en una emoción fundamental: el amor, y el amor es el dominio de las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en la convivencia. 

Honestidad
Cooperación
Respeto
Lealtad
Generosidad
Justicia
Responsabilidad
Amistad
Solidaridad...


Los valores de la vida cotidiana se fundan en el amor. El respeto se da en la aceptación del otro como un legítimo otro en la convivencia, y donde hay colaboración que se da sólo en el respeto mutuos, desaparecen la arrogancia y la obediencia.

Todos los valores tienen que ver con el amor y son expresión de la armonía social, pues lo social se funda en el amor. Cuándo la valentía es valentía y cuándo es locura ?. El enfrentar un peligro en un contexto que le da a ese enfrentamiento un significado social, es valentía. El enfrentar un peligro sin fundamento social, es locura. En la medida en que tiene un fundamento social, la valentía está fundada en el amor.  


Pero, los valores se aprenden o se enseñan ?

Ni lo uno ni lo otro:

O se viven o se niegan, porque cuando se habla de ellos, ya no están o se hace literatura.

Y entonces qué es el aprender ?

El aprender es convivir, es decir, el aprender se da de una manera o de otra en la transformación que tiene lugar en la convivencia, y consiste en vivir el mundo que surge con el otro.

Las condiciones para la convivencia humana comienzan en la aceptación mutua de la relación materno-infantil, luego se expande en la aceptación de las condiciones de existencia en la comunidad social a la cual se llega a pertenecer.

Al querer generar espacios de respeto mutuo mediante la exigencia, sin embargo, la exigencia es una acción que niega el respeto mutuo. Si queremos crear cooperación mediante la obediencia, aun cuando la obediencia es una exigencia que niega la cooperación. Y más aún cuando se habla del amor como u deber, como algo especial, y nos cegamos a la comprensión de lo social porque no vemos que el amor es la emoción que lo funda; queremos lograr la paz a través de la guerra, y la venganza es la negación de la justicia.

Exigimos al otro que libremente acepte acepte nuestra verdad so pena de ser negado. Pensamos que la obediencia es un valor que dignifica cuando es la negación de sí mismo y del otro; creemos que poseemos poder sin ver que el poder es concedido por el que obedece en un acto en que se niega a sí mismo. En la vida adulta se exige al que accede a ella a cumplir deberes, luchar en defensa de lo propio, aparentar, negar la sensualidad porque el cuerpo se hace obsceno, y, en fin, ser racional en la negación de la emoción como si ésta negase la razón. La vida de la infancia y la vida adulta son, así, totalmente contradictorias, y el vivir en esta contradicción resulta en sufrimientos más o menos aparente según la presencia cotidiana que tenga esta contradicción en el vivir.

Qué es la ética ?

La ética se constituye en la preocupación por las consecuencias que tienen las acciones de uno sobre otro, y adquiere su forma desde la legitimidad del otro con un ser con el cual uno configura un mundo social. La emoción que se funda en lo social es el amor, por eso lo social es un espacio de convivencia que se da desde las acciones que constituyen al otro como un legítimo otro en coexistencia con uno. Por esto también, lo social es un espacio ético y las preocupaciones éticas jamás van más allá del espacio social donde surgen.

Las preocupaciones éticas, por lo tanto, no son en su origen normativas sino "invitantes".

La ética no puede plantearse como exigencia, porque la exigencia niega al otro.

Lo que si cabe agregar es que para que la conducta ética surja hay que permitir que opere la biología del amor, tenemos que devolver al niño la posibilidad de crecer en el amor, en el espacio donde las conductas de los adultos le permitan crecer en respeto por sí mismo y por el otro desde la aceptación de su propia legitimidad.

Con la esperanza de que estas reflexiones de Humberto Maturana, nos sean de utilidad en nuestra convivencia cotidiana para mejorar los contextos educativos, laborales, sociales y comunitarios; seguiremos aportando para fortalecer la comprensión de que sin sujetos no hay contextos y de que los contextos influyen en la formación de los sujetos.

Tendrán vigencia las campañas sobre valores en las instituciones educativas?  Se pueden sembrar valores ?...Las respuestas a estas preguntas, creo que con mucha firmeza y sonoridad nos la da el día a día de nuestra convivencia; y es un NO rotundo: los valores o se viven o se niegan.









domingo, 2 de diciembre de 2012

EL CONSUMO

Nuestro querido Ecuador tuvo el honor de contar con la presencia del famoso pensador Edgar Morin, en el mes de noviembre, quien  en su último libro, La Vía, nos pone a consideración lo relacionado al consumo, que por su importancia y pertinencia con la época actual; lo queremos compartir. 

Una consigna de la política de civilización es: menos, pero mejor. Esta consigna va a contracorriente de la formidable máquina de consumir, producida y animada por el afán de lucro. Pero los consumidores están abocados a autoeducarse, autorregularse y autoorganizarse, y la política de civilización propone ir en ese sentido.

Diagnóstico

El desarrollo ininterrumpido del complejo técnico - económico - industrial - capitalista de nuestra civilización implica un crecimiento continuo de las necesidades y los deseos suscitados por el binomio producción/consumo. A pesar de comportar zonas de pobreza y subconsumo, nuestra civilización, con el apoyo de las tentaciones publicitarias y de otro tipo, fomenta el hiperconsumo. Como dijo Marx, el capitalismo no sólo crea un productor para el consumidor, sino que tambien crea un consumidor para el productor. La multiplicación de los productos ofrecidos al consumo propone nuevos placeres, nuevas satisfacciones, permite nuevas autonomías ( que, como todas las autonomías, son dependientes de quien las mantiene ). Más allá de estos aspectos positivos que abren al consumidor nuevos universos materiales, sensuales y espirituales, el consumo se transforma en consumismo donde lo que era superfluo se vuelve indispensable, los antiguos lujos se vuelven necesidades, las nuevas utilidades se vuelven imprescindibles, y donde la seducción publicitaria conduce a la compra de productos cargados de virtudes ilusorias ( para la salud, la higiene, la belleza, la seducción y el prestigio ).

Aunque contiene zonas de pobreza y de subconsumo, nuestra civilización estimula el consumismo, espoleado por la obsolescencia rápida de los productos, el fomento usar y tirar en detrimento de lo duradero, la sucesión acelerada de las modas, la incitación permanente a lo nuevo, la preocupación individualista por el estatus o standing, así como las frustraciones psicológicas y morales que hallan un consuelo pasajero en la compra y el abusos de bebidas, alimentos , objetos y gadgets.

Es indudable que la competencia comercial juega a favor de la variedad de los productos y la regulación de los precios, pero la industrialización tiende a destruir las cualidades artesanas. En el campo de la alimentación, la agricultura y la ganadería industrializadas, la industria conservera y el imperativo de una larga conservación han eliminado variedades vegetales y animales de calidad, han degradado el gusto de los productos y atrofiado las capacidades gustativas de los consumidores.

La utilización creciente del crédito para conservar el nivel de vida adquirido por las clases populares y medias americanas, empobrecidas por el neoliberalismo y por el alza de los precios, ha engendrado una nueva burbuja financiera que ha desencadenado la crisis económica vigente desde el año 2008. Por su parte, el hiperconsumo, ha agravado la crisis económica y ecológica.

Producto y productor de la civilización occidental, el consumismo se universaliza con el desarrollo de nuevas clases medias en Asia, Indonesia, América del Sur y África. Las necesidades de confort, calefacción, viajes y refrigeración de los coches aumentan el consumo, en particular, el consumo de energía. Estamos empezando a tomar conciencia de que el consumismo comporta despilfarros y dilapidaciones, y causa degradación, contaminación y escasez ( en los yacimientos de energía fósil ); aunque también debemos comprender que el problema no afecta únicamente a la energía, sino a nuestro modo de vida.

El consumismo presenta dos aspectos ligados y antagónicos. Por una parte, se ofrece a satisfacer las necesidades subjetivas y personales y, con ello, fomenta el individualismo. Pero sus productos estandarizados contribuyen, de hecho, al desarrollo de un individualismo estandarizado. El individuo queda subyugado por el consumismo, que lo pone bajo su dependencia porque, en realidad, lo coloca a su servicio.

Por último, el malestar, la angustia y las frustraciones propias de nuestra civilización y nuestro tiempo determinan, por una parte, un consumo compulsivo, y, por otra, múltiples adicciones e intoxicaciones.

Las intoxicaciones de civilización

Empecemos por examinar una serie de intoxicaciones de civilización que contribuyen en gran medida al despilfarro energético, a la degradación ecológica y, al empeoramiento de las condiciones de vida.

La Ley del <<cada vez más, cada vez más rápido>>, que rige las actividades de las élites dirigentes, las sufren los trabajadores subordinados a ellas.

La élite dirigente multiplica las citas expeditivas, transforma las comidas, e incluso los desayunos, en comidas de negocios, pasa de un teléfono a otro, de un avión a otro. Está intoxicada por una sobrecarga de actividades, de las cuales goza como de una droga, al mismo tiempo que la dignifica para su importancia. Las élites profesionales y empresariales están obsesionadas con la eficacia, el rendimiento, la productividad, el coaching y el debriefing. Como su cronometría está hecha de avidez, prisa y precipitación, también imponen a los trabajadores una cronometría de obligaciones, condicionantes y estrés.

La obsesión permanente del lucro es una intoxicación en la cual el dinero, que es el medio, se convierte en  fin.

La obsesión por lo cuantitativo, lo calculable, lo traducido en cifras es una intoxicación cognitiva y generalizada.

El <<trabajo-transporte-sueño-y-vuelta-a-empezar>> de la gran ciudad, los ritmos opresivos del trabajo, la fatiga, el malestar, las incomprensiones múltiples, hasta en el seno de las familias, incitan a tomar sustancias psicoactivas, drogas, anfetaminas. Con las múltiples tazas de café, las copas reconfortantes y las cápsulas supuestamente dinamizadoras, es fácil que se desencadene la espiral de la adicción. Sin embargo, el uso de uso de sustancias psicoactivas ( alcohol, drogas lícitas o ilícitas ) no hace que uno rinda más en su trabajo, al contrario: debilita la salud, deteriora la memoria, provoca angustias y alucinaciones. Los corticoides , utilizados como antiinflamatorios, se emplean, a veces, para reducir la fatiga, lo que puede provocar alteraciones psíquicas, depresión, úlcera, diabetes...Las anfetaminas, hoy prohibidas en Francia y que algunos trabajadores emplean para estimular la atención y luchar contra el cansancio, pueden ocasionar insomnio, hiperagresividad, trastornos cardíacos e, incluso, la muerte.

Intoxicaciones y adicciones consumistas

La omnipresencia publicitaria en los medios y en los muros de las ciudades, la valorización de productos dotados de virtudes ilusorias para el gusto, la salud, la belleza o la seducción estimulan las intoxicaciones consumistas contra las cuales proponemos los antídotos más adelante.

El término <<adicción>> designa una dependencia extrema de la persona respecto a una fuente de deseo o de placer. La noción de adicción es la que debe estar presente en la conciencia, en lugar de la noción de droga. En efecto, en algunas sustancias denominadas drogas como el hachís, la cocaína e, incluso, la heroína pueden ser consumidas por algunas personas sin provocar en ellas una dependencia obsesiva, es decir, una adicción. Lo mismo ocurre con el tabaco y el alcohol, que no son nefastos más que para los <<adictos>>.

Existen, además, adicciones de comportamiento ligadas a los juegos de azar o de competición, a la televisión, a la internet, a la imagen pornográfica, al portátil, al sexo y, en definitiva a cualquier actividad u objeto que dé la sensación de ser imperativamente necesario. El dopaje, generalizado entre los deportistas para mejorar su rendimiento físico, o entre los estudiantes para preparar los exámenes y mejorar su rendimiento psíquico y cerebral, puede, eventualmente, transformarse en adicción.

Según el producto consumido, la adicción puede provocar trastornos psíquicos o somáticos, y la situación de carencia crear una necesidad incontenible que puede conducir al robo o al crimen.

Las adicciones de ciertos individuos al alcohol, al tabaco, a la cocaína,a la heroína y otras drogas, legales o ilegales, plantean enormes problemas. Se trataría, en primer lugar, de realizar una amplia investigación para reconocer los determinantes de la adicción: Son genéticos ?, fisiológicos ?, Psicológicos ?, sociológicos ?, una combinación de todo ello ? Conocer la respuesta sería el estadio previo a la toma de medidas curativas, según los casos.

La verdadera reforma consistiría en la legalización, en todos los países de las drogas ilegales, que se venderían en las farmacias, ya que la prohibición favorece a las mafias, aísla a los <<adictos>> y transforma a algunos de ellos en delincuentes o criminales para obtener la droga. La liberación suprimiría el gigantesco poder financiero y político de las mafias, pondría fin a la delincuencia de los <<adictos>>, reintegrándolos a la vida social. Suprimir la prohibición de las drogas ilegales es una reforma de alcance planetario y de máximo interés humanitario.

Las vías reformadoras

Se impone, pues, la necesidad de una política que reflexiones, a la vez, sobre la energía, la ecología y la civilización; podemos enunciar sus primeros elementos en lo que al consumo se refiere. Dicha política debe luchar contra el despilfarro y la intoxicación consumista, más que imponer restricciones o privaciones; debe promover también la calidad en detrimento de la cantidad. Cabe señalar que la necesidad de plantear restricciones que acompaña toda crisis económica puede ayudar a acabar con el hiperconsumo; la primera reacción al empobrecimiento es recurrir al crédito; la segunda, controlar el consumo.

Es importante promover la moderación en el consumo, pero entendiendo que ésta debe ser moderada a su vez (el lector disculpará el oximoron ). La gran enseñanza de las culturas arcaicas y tradicionales es que la sobriedad cotidiana debe alternar con momentos de fiesta, de derroche, de embriaguez y de éxtasis. Es entonces cuando el consumo cede el lugar a la consumación.

Una reforma al consumo implicaría necesariamente:


1. Reducir las intoxicaciones consumistas que incitan a la compulsión de objetos cargados de cualidades ilusorias, efectuadas para calmar la angustia o para consolarse de frustraciones o penas;

2. Animar a tomar conciencia de que la búsqueda desaforada de satisfacciones materiales a menudo es debida a profundas insatisfacciones psíquicas y morales;

3. Promover todas las iniciativas que inciten a la búsqueda de la calidad y los placeres que ésta proporciona;

4. Fijar e imponer unas normas de calidad para los productos de consumo; comprobar las indicaciones de calidad ( sellos, denominaciones de origen, etc.);

5. Educar a los consumidores de forma que primen la calidad en la elección de los productos, empezando desde la escuela (clases dedicadas al estudio de nuestra civilización) y continuando de forma permanente, a fin de que los consumidores controlen cada vez más la calidad de sus compras;

6. Fomentar los movimientos de reforma de vida que contribuyen a modificar el consumo;

7. Fomentar la renovación de las artesanías de reparación (zapateros, relojeros, remendones diversos);

8. Reemplazar la producción de objetos de un solo uso por objetos reparables, reemplazar los objetos producidos para una duración limitada por productos duraderos;

9. Fomentar la devolución frente a las botellas de usar y tirar ( como en Alemania), hacer pagar las bolsas de plástico (como en Irlanda);

10. Generalizar el reciclaje de los productos que se tiran (Solerabals, una sociedad con sede en Adis Abeba, fabrica unos zapatos a partir del caucho de las ruedas usadas, añadiéndole tela), especialmente del papel;

11. Crear certificados de garantía de los productos libres de toda explotación de trabajadores a lo largo de su cadena productiva y que comporte un triple sello de calidad: libre de trabajo infantil, de discriminación y de trabajo forzado (una iniciativa del Instituto Boliviano de Comercio Exterior apoyado por el gobierno de La Paz, la Organización Internacional del Trabajo y UNICEF).

La reforma debería tender a sustituir los hipermercados de la periferia, grandes consumidores de energía, por supermercados de barrio, y, en especial, promover la vuelta a los comercios de proximidad.

Debería fomentar el uso de productos bio y de agricultura tradicional, así como los productos del comercio justo.

Debería fomentar los comités de ética del consumo, la acción de los organismos de defensa de los consumidores ( asociaciones o ligas de consumidores que establecen procedimientos para estudiar los productos y orientar las compras).

Debería propagar una política del consumo y, a través de ella, crear una fuerza política de los consumidores, organizados en asociaciones o ligas frente a los productores y a los distribuidores, disponiendo del boicot a las compras como arma, tan eficaz como la huelga de los trabajadores en la producción.

Con la esperanza de que este artículo del gran maestro Edgar Morin; se lo utilice para generar conversatorios con estudiantes, profesores y padres de familia; así como con trabajadores para reflexionar sobre la responsabilidad de los productores y de los consumidores en el mantenimiento de nuestra salud integral y del planeta en general.

Esperamos los comentarios de quienes se toman el tiempo de leer el pensamiento de este inmenso ser que es el maestro Morin, que éste servidor de ustedes a través de este blog pone su disposición.

























martes, 27 de noviembre de 2012

METÁLOGO de Grégory Bateson

Papito, porqué se desordenan las cosas?



Hija: Papá , porqué se desordenan las cosas?
Padre: Qué quieres decir ? Cosas ? Desordenarse ?

Hija: Bueno, la gente gasta mucho tiempo ordenando cosas, pero nunca se la ve gastar tiempo revolviéndolas. Las cosas parecen desordenarse por sí mismas. Y entonces la gente tiene que ordenarlas otra vez.

Padre: No, si nadie me las toca. Pero si tú me las tocas - o si alguna otra persona las toca - se desordenan, y el revoltijo si no soy yo  la que las  toca.

Padre: Si, por eso no te dejo tocar las cosas del escritorio. Porque el revoltijo de mis cosas es peor si las toca alguien que no soy yo.
Hija: entonces la gente siempre desordena las cosas de otros ? Porqué lo hacen papá ?

Padre: Bueno, espera un poco. No es tan sencillo. Ante todo, a qué llamas revoltijo ?

Hija: Cuando...cuando no puedo encontrar las cosas y todo parece revuelto. Lo que sucede cuando nada está en su lugar...

Padre: Bueno, pero estás segura de que se llama revoltijo a lo mismo que cualquiera otra persona llamaría así ?

Hija: Pero papá, estoy segura...porque no soy una persona muy ordenada y si yo digo que las cosas están revueltas, estoy segura que cualquiera otra persona estará de acuerdo conmigo.

Padre: Muy bien, pero estás segura de qué llamas "ordenado" a lo que otras personas llamarían así ? Cuando tu mamá ordena tus cosas, sabes dónde encontrarlas ?

Hija: A veces , porque, sabes, yo se donde pone ella las cosas cuando ordena.

Padre: Es cierto: yo también trato de evitar que arregle mi escritorio. Estoy seguro de que ella y yo no entendemos lo mismo por "ordenado".

Hija: Papá, te parece que tú y yo entendemos lo mismo por "ordenado"?

Padre: Lo dudo, querida, lo dudo.

Hija: Pero papá, no es raro que todos quieran decir lo mismo cuando dicen "desordenado" y cada uno quiere algo diferente cuando dice "ordenado"? Porque "ordenado" es lo opuesto a "desordenado", no ?

Padre: Estamos entrando a preguntas más difíciles. Comencemos de nuevo desde el principio. Tú dijiste: "Porqué siempre se desordenan las cosas ? ". Ahora hemos dado uno o dos pasos más...y cambiemos la pregunta en: "Por que las cosas se ponen en un estado que Caty llama desordenadas ?" Te das cuenta porqué quiero hacer el cambio?

Hija: ...Me parece que sí...porque si yo le doy significado especial a "ordenado", entonces el "orden" de otras personas me parecerán revoltijos a mí, aunque estemos de acuerdo en la mayor parte de lo que llamamos "revoltijos"...

Padre: Efectivamente. Veamos ahora qué es lo que tú llamas "ordenado". Cuando tu caja de pinturas está colocada en un lugar ordenado, dónde está ?

Hija: Aquí en la punta de este estante.

Padre: De acuerdo. Y si estuviera en algún otro lado ?

Hija: no, entonces no estaría ordenada.

Padre: Y si la ponemos en la otra punta del estante, aquí ?

Hija: No, ése no es el lugar que le corresponde, y además tendría que estar derecha, no toda torcida, como la pones tú.

Padre: Ah!...en el lugar acertado y derecha.

Hija: Sí.

Padre: Bueno, eso quiere decir que sólo existen muy pocos lugares que son "ordenados" para tu caja de pintura...

Hija: Un lugar solamente.

Padre: No, muy pocos lugares, porque si la corro un poquito, por ejemplo, así, sigue ordenada.

Hija: Bueno...pero pocos, muy pocos lugares.

Padre: De acuerdo, muy pocos lugares. Y qué pasa con tu osito de felpa y tu muñeca y el mago de Oz y tu suéter y tus zapatos ?. No pasa lo mismo con todas las cosas, que cada una tiene sólo muy, muy pocos lugares que son "ordenados" para ella?.

Hija: Sí , Papá, pero el mago de Oz puede ir en cualquier lugar del estante. Sabes una cosa?. Me molesta mucho, pero mucho cuando mis libros se mezclan con tus libros y los libros de mi mami.

Padre: Sí, ya lo sé. ( Pausa ).

Hija: Papá, no terminaste lo que estabas diciendo. Porqué mis cosas se ponen de la manera que yo digo que no es ordenada ?.

Padre: Pero sí que terminé...porque hay más maneras que tú llamas "desordenadas" que las que llamas "ordenadas".

Hija: Pero esa no es una razón para...

Padre: Te equivocas, lo es. Y es la verdadera y única y muy importante razón.

Hija: Ufa, papá, basta con eso!

Padre: No, no bromeo. Esa es la razón y toda la ciencia ensamblada mediante esta razón. Tomemos otro ejemplo. Si pongo un poco de arena en el fondo de esta taza y encima de ella pongo un poco de azúcar y lo revuelvo con una cucharilla, la arena y el azúcar se mezclarán, no es cierto ?.

Hija: Sí, pero papá, te parece bien pasar a hablar de "mezclado" cuando comenzamos hablando de "desordenado"?.

Padre: Es que...bueno...me parece que sí...Sí, porque supongamos que encontramos a alguien que piensa que es más ordenado colocar toda la arena debajo de todo el azúcar. Y, si quieres, no tengo inconveniente en decir que yo pienso de esa manera...

Hija: si ?

Padre: Está bien, tomemos otro ejemplo. Algunas veces, en el cine, tú ves un montón de letras en el alfabeto, desparramadas por todas partes en la pantalla, hechas un revoltijo y algunas hasta patas arriba. Y entonces alguien sacude la mesa donde están las letras y éstas comienzan a moverse y luego, a medida que las siguen sacudiendo, las letras se reúnen y forman el título de la película.

Hija: Sí, las vi...lo que formaban era DONALD.

Padre: No tiene importancia lo que formaban. El asunto es que tú viste que algo era sacudido y batido, y en vez de quedar más mezclado que antes, las letras se reunieron en un orden, todas de pie y formaron una palabra...formaron algo que la mayoría de las personas estarán de acuerdo en que tiene sentido.

Hija: Sí, papá, pero sabes que...

Padre: No, no lo sé; lo que trataba de decir es que en el mundo real las cosas nunca suceden de esa manera. Eso pasa sólo en las películas.

Hija: Pero , papá...

Padre: Te digo que sólo en las películas se pueden sacudir las cosas y éstas parecen adquirir más orden y sentido del que tenían antes...

Hija: Pero, papá...

Padre: Esta vez déjame terminar...Y en el cine, para que las cosas parezcan así, lo que hacen es filmar todo al revés. Ponen las letras en orden para que se lea DONALD, las filman y luego comienzan a sacudir la mesa.

Hija: Pero, si ya lo sé, papá! Y eso era lo que quería decirte. Y cuando proyectan la película la pasan hacia atrás, y parece como si todo hubiera pasado hacia adelante, pero en realidad sacudieron las letras después de ordenarlas. Y las tienen que fotografiar patas arriba...Porqué lo hacen?.

Padre: Santo cielo!

Hija: Porque tienen que poner la cámara cabeza abajo, papá ?.

Padre: No te voy a responder ahora esa pregunta porque estamos en el medio de la pregunta sobre revoltijos.

Hija: Ah, es verdad! Pero no te olvides, papito, que otro día me tienes que responder la pregunta sobre la cámara boca abajo. No te olvides !. Verdad que no te vas a olvidar, papá ?. Porque a lo mejor yo me olvido. Sé buenito papá.

Padre: Bueno, sí, pero otro día. En qué estábamos ? Ah, sí en que las cosas nunca suceden hacia atrás. Y trataba de explicarte porqué hay una razón de que las cosas sucedan de cierta manera si podemos mostrar que esa manera tiene más maneras de suceder que alguna otra manera.

Hija: Papá, no empieces a decir tonterías.

Padre: No estoy diciendo tonterías. Empecemos de nuevo. Hay una sola manera de escribir DONALD. Estás de acuerdo ?.

Hija: Sí.

Padre: Magnífico. Y hay millones y millones y millones de manera de esparcir seis letras sobre una mesa. De acuerdo?.

Hija: Sí. Me parece que sí. Y algunas de esas pueden ser patas arriba ?

Padre: Sí. Exactamente como en ese revoltijo en que estaban en la película. Pero puede haber millones de revoltijos como ése, no es verdad?. Y uno solo de ellos forma la palabra DONALD ?.

Hija: De acuerdo, sí. Pero, las mismas letras podrían formar OLD DAN.

Padre: No te preocupes. Los que hacen las películas no quieren que las letras formen OLD DAN sino DONALD.

Hija: Y porqué ?

Padre: Deja tranquilos a los de las películas!

Hija: Pero fuiste tú el que habló de ellos papá.

Padre: Sí, bueno pero era para tratar de decirte porqué las cosas suceden de aquella manera en las que hay mayor número posible de maneras de que suceda. Y ya es hora de irse a la cama.

Hija: Pero, papá, si no terminaste de decirme por qué las cosas suceden de esa manera, de la manera que tiene más maneras!

Padre: Está bien. Pero no pongas más motores en funcionamiento...con uno basta y sobra. Además, estoy cansado de DONALD. Busquemos otro ejemplo. Hablemos de tirar monedas a cara o sello.

Hija: Papá, Estás hablando de la misma pregunta por la que comenzamos, la de "porqué se desordenan las cosas"?.

Padre: Sí.

Hija: Entonces, papá, lo que tratas de decirme sirve para las monedas, para DONALD, para el azúcar y la arena y para mi caja de pinturas y para las monedas ?

Padre: Sí, efectivamente.

Hija: Ah!, bueno, es que me lo estaba preguntando.

Padre: Bueno, a ver si esta vez logro acabar de decirlo. Volvamos a la arena y al azúcar y supongamos que alguien dice que poner la arena en el fondo de la taza es "arreglado" u "ordenado".

Hija: Hace falta que alguien diga algo así para que puedas seguir hablando de cómo se mezclarán las cosas cuando las revuelvas?.

Padre: Sí...Ahí está precisamente el punto. Dicen lo que espera que suceda y luego yo les digo que no sucederá porque hay tal cantidad de otras cosas que podrían suceder. Y yo sé que es más probable que suceda una de las muchas cosas y no de las pocas.

Hija: Papá, Tú no eres más que un viejo que hace libros, que apuesta a todos los caballos menos al único al que quiero apostar yo.

Padre: Es cierto, querida. Yo les hago apostar según lo que llaman la manera "ordenada" - sé infinitamente muchas maneras desordenadas - y por eso las cosas siempre se encaminarán hacia el revoltijo y la mixtura.

Hija: Pero porqué no lo dijiste al comienzo, papá ? yo lo hubiera podido entender perfectamente.

Padre: Supongo que sí. De todas maneras, es hora de irse a la cama.

Hija: Papá porqué los grande hacen la guerra, en vez de sólo pelear, cómo hacen los chicos ?

Padre: Nada de dormir. Ya terminé contigo. Hablaremos de la guerra otro día.























domingo, 11 de noviembre de 2012

PREVENCIÓN DE LA DROGADICCIÓN III

GESTIÓN DEL CONFLICTO

Si la salud mental puede definirse como la capacidad para establecer alianzas relevantes, contando la persona con la seguridad de poder recibir ayuda de otros en momentos difíciles o estresantes, el diseño de ambientes interpersonales ecológicamente sostenible debe convertirse en prioridad dentro de los proyectos preventivos. De esta manera se reduce el stres psicosocial, al atender los agentes de prevención a la satisfacción de las necesidades sociales y afectivas mediante una cálida interacción cotidiana, asegurando una adecuada circulación del alimento emocional y un cuidado de los nichos afectivos. Pues el stres no es otra cosa que la llamada de alerta por el sufrimiento que empieza a presentarse en el medio ambiente interpersonal, cuando el soporte afectivo no es asequible al individuo a través de su relación cotidiana con los otros, indicando su escasez que nos encontramos en situación de crisis.

Dado que el trabajo preventivo tiene como propósito atender el malestar psicológico que surge cuando el ecosistema interpersonal no logra proveer a las personas de experiencias nutricias en los campos de la dinámica emocional y comunicativa, resulta provechoso conceptualizar la intervención como una manera de impedir que el deterioro cultural e interpersonal termine incrementando los casos de farmacodependencia. Entre otras cosas, porque la drogadicción puede entenderse como un "desastre cultural" propio de la sociedad contemporánea, desastre que debe abordarse con criterios similares a los utilizados por profesionales que atienden problemas como deslizamientos de tierra o erupciones volcánicas.

La lógica de las intervenciones de quienes atienden desastres naturales exhibe una gran ventaja sobre los modelos de prevención derivados de la higiene pública y el manejo de las enfermedades infecto -contagiosas o parasitarias, pues a diferencia con aquellos que se obsesionan con erradicar el factor infeccioso o la conducta problemática, estos profesionales no están preocupados por erradicar el terremoto o la erupción del volcán, asumiendo de entrada que sería una tarea imposible. Siguiendo su enseñanza, podemos intervenir en el "desastre cultural" de la drogadicción sin centrar nuestra atención en la "erradicación" del consumo de S.P.A. , orientando más bien nuestros esfuerzos a disminuir la vulnerabilidad e incrementar la capacidad de la comunidad para interactuar con el conflicto.

Al permitirnos evaluar la calidad de las relaciones interpersonales y expresar de alguna manera su deterioro, el consumo compulsivo de S.P.A. adquiere el carácter de indicador que nos alerta sobre la cercanía del "desastre", funcionando como un semáforo que nos ayuda a detectar problemas de nuestra red interpersonal que deben ser modificados mediante prácticas preventivas. Bajo esta perspectiva asumimos la S.P.A. como un indicador social que interactúa con otros factores del sistema o microcultura, como la calidad de las redes de soporte interpersonal, la capacidad del individuo y la comunidad para enfrentar y resolver problemas, los valores predominantes en el grupo, la descripción cultural que se hace de la experiencia embriagada, la preparación para el ejercicio de la libertad y la capacidad para afirmar la singularidad sin bloquear las fuentes de alimento afectivo. Sistema interactivo que nos enseña que el problema no se origina en la sustancia misma, sino en la articulación de la S.P.A. con los demás componentes del contexto cultural. ai sea la S.P.A. la que a primera vista acapara las connotaciones negativas del conflicto. De la importancia de no demonizar el uso de psicoactivos, atendiendo más bien a la capacidad del sistema interpersonal o a la dinámica microcultural para ajustarse y responder con flexibilidad a los retos sociales impuestos por los nuevos ritmos, de tal manera que la experiencia del "acelere" y desterritorialización no conviertan a la S.P.A. en sustituto fallido de los demás componentes de la microcultura.

No debemos temer a la emergencia del conflicto. Se trata más bien de mejorar los procedimientos para su representación, pues de esto depende la efectividad de la acción transformadora. Mejorar la representación que individuos y comunidades tienen del conflicto debe ser una tarea concertada entre profesionales de la prevención y consumidores de la información, tarea que puede dificultarse si no tenemos en cuenta los escotomas culturales que suelen generarse en los grupos como forma de negar la realidad y resistirse a un cambio de creencias que resulta molesto y doloroso. No contar con una adecuada representación del conflicto puede tornar inoperante cualquier propósito preventivo, como sucedió en Colombia en un caso doloroso que puso de presente la vulnerabilidad cultural favorecida por los modelos comunicativos. Se trata de la desaparición en 1.985 de la ciudad de Armero y de sus 30.000 habitantes, a causa de una erupción volcánica cuyo riesgo nunca fue cabalmente representado, pues los ciudadanos no tuvieron una clara representación del conflicto en el que estaban involucrados.

Para las gentes de Armero no era evidente la presencia del volcán-nevado del Ruiz como elemento de su ecosistema, no obstante el papel determinante que juega en la formación de los ríos lagunilla y azufrado, que atraviesan el cálido valle después de nacer en las nieves perpétuas. Cuando se pensaba en la erupción, venían a la mente imágenes transmitidas por el cine comercial de piedras y lava cayendo sobre las ciudades más cercanas, entre las que no se contaba Armero, pero si Manizales. Inconscientemente se consideraba que esta sería la primera urbe afectada en caso de un desastre, minimizándose el riesgo para las ciudades más lejanas. En otras palabras, mientras Manizales no fuera destruída, las demás ciudades estarían a salvo.

Los Colombianos estupefactos supimos horas después del desastre, que también se puede morir en una erupción como producto del descongelamiento del glaciar y bajo una avalancha de lodo. La comunidad armerita era vulnerable porque no tuvo una adecuada representación de su entorno y del peligro que sobre ella se cernía. En los textos de geografía que estudiaban los niños de la población figuraban como ejemplos de ríos que nacen de glaciares el Misisipi en los Estados Unidos y el Po en Italia, sin que se mencionara para nada el río Lagunilla, que por súbdita descongelación del glaciar donde nace, arrasó con esta ciudad construida en sus orillas. Sin lugar a dudas se trataba de un bloqueo generado por una representación social predominante y avalada por la tradición que era difícil modificar, por lo que no bastó con brindar la información adecuada, pues era además necesario poner en marcha procedimientos para modificar la representación del conflicto e inducir la transformación pertinente en los aprendizajes sociales comprometidos.

Otro ejemplo del papel equívoco jugado por los modelos de comunicación en la representación de los conflictos tiene que ver con las primeras informaciones que se difundieron acerca del SIDA con el amor prohibido. Tuvo que pasar mucho tiempo y ante la cantidad de madres y niños que en los países del tercer mundo presentaban la enfermedad, fueron cambiando los mensajes hacia una representación del conflicto que permitió un trabajo de prevención más acertado.

Si la prevención puede entenderse como una disminución de la vulnerabilidad relacionada con la capacidad de las poblaciones de representarse sus conflictos, tenemos que concluir que al simplificar de manera maníquea el problema de la drogadicción, los enfoques de guerra pueden resultar contraproducentes para avanzar en una adecuada representación del conflicto que se encierra en el uso de S.P.A. , o de otros fetiches ofrecidos como objetos deseables y fácilmente adquiribles en las redes del mercado. La inflexibilidad o la incapacidad para adaptarse a ese cambio no radica sólo en la oferta de S.P.A., aunque eesta hace parte del problema, sino que involucra fallas en la red interpersonal que el adicto intenta suplir químicamente mediante la voracidad consumista.

Para comprender la manera como se genera la vulnerabilidad, G. Wilches recurre al ejemplo de un ciudadano que ha desentejado su vivienda para efectuar reparaciones, con lo cual su casa se vuelve temporalmente vulnerable al fenómeno del aguacero. La situación de riesgo no depende sólo del aguacero, en el caso de las drogas de la oferta mercadeable de S.P.A., que se torna funesto por estar la casa destechada, emprobrecimiento de nuestras redes afectivas y de soporte social que incrementan el riesgo de consumo de S.P.A., se trata en consecuencia de una vulnerabilidad social que genera la condición de riesgo al alterar la red interpersonal y la calidad del espacio comunicativo, actuando la droga de la misma manera como lo hace el aguacero: como síntoma del conflicto que vive el ciudadano y factor que puede acelerar su deterioro.

Esta conceptualización de la vulnerabilidad nos pone, ante una curiosa paradoja: si por prevención entendemos, como es usual, la eliminación del fenómeno que nos preocupa, "erradicación del flagelo de la droga", tendremos que afirmar que se trata de un objetivo inalcanzable, o que sus procedimientos son poco fiables. Al contrario, si desistimos de las nociones de "erradicación" y "abstinencia" generalizada con propósitos, podemos abrir caminos novedosos a las dinámicas de prevención, entendidas ahora como una forma de "mitigar" el problema y no de "eliminarlo". Pues al igual que una erupción volcánica por sí misma no configura un desastre, es necesaria la cercanía de la comunidad y su escasa preparación para enfrentar el riesgo, tampoco la existencia de psicoactivos configura por sí mismo un problema. De lo que se trata es de reducir la vulnerabilidad, capacitando a la comunidad y al individuo para gestionar y absorber, mediante autoajuste, los riesgos que se presentan. De allí que la acción preventiva debe atender no tanto a la "erradicación" de las drogas del espacio social, hecho que poco ayuda para desarticular la compulsión, sino a la mejora de las redes interpersonales, pues allí está la verdadera fuente de la problemática.

Podemos en consecuencia redefinir el concepto de prevención de la siguiente manera:

Prevenir es disminuir la vulnerabilidad, mejorando la capacidad de los individuos y comunidades para interactuar con el conflicto. 

Como la prevención busca mejorar la interacción para interactuar con el conflicto para fortalecer o reconstruir los lazos de convivencia, un par de ecuaciones adicionales pueden ser formuladas para establecer factores de predicción que permitan monitorear tanto la presencia de la problemática a intervenir, como la eficacia de la acción adelantada, tales ecuaciones pueden enunciarse como siguen:

a) El consumo de S.P.A. se torna problemático en tanto destruye la red de relaciones o, a la inversa, el tipo de relaciones interpersonales existente se torna problemático en tanto induce al consumo compulsivo de S.P.A. :

Consumo problemático  S.P.A. = Destrucción de relaciones


b) La acción preventiva es eficaz en tanto permite fortalecer o reconstruir la red de relaciones y mejora las dinámicas de convivencia :

Prevención = Fomento o reconstrucción de convivencia

Como la vulnerabilidad depende en gran parte de la fragilidad de las redes interpersonales y del bloqueo generado por una inadecuada representación de los conflictos que padecemos, la intervención del profesional de la prevención, debe dirigirse al fortalecimiento de estas redes y a favorecer una adecuada representación de los conflictos que se  generan en torno al uso de S.P.A.  Si somos capaces de representarnos con certeza el estado de nuestras redes de apoyo y la dimensión de los conflictos que nos amenazan, tendremos altas probabilidades de disminuir el riesgo y de alejar la probabilidad de la catástrofe. Si no es así, estaremos inermes ante su llegada. No hay mayor torpeza que desconocer la importancia de las redes sociales y de las representaciones culturales, mientras nos dedicamos a tipificar la conducta desviada o a proferir amenazas alarmantes sobre las S.P.A. , sin hacer nada para modificar las conductas que deterioran nuestra dinámica interpersonal acercándonos al desastre.

Si el propósito central de un trabajo preventivo es mejorar la capacidad de individuos y comunidades para interactuar con los conflictos, a la vez que se fortalezcan las redes interpersonales y los vínculos afectivos, el único saldo válido de un trabajo de prevención debe ser la cualificación de las relaciones interpersonales, haciéndolas más cálidas y flexibles. Si al final del proceso, los miembros del grupo tienen más posibilidades de contactos interpersonales y mejores representaciones sobre lo que acontece en su vida íntima, contaremos con un activo social que permite afirmar que ha tenido éxito la empresa preventiva. Si esto no sucede, habremos fracasado.

Herramientas para la intervención

Establecido lo que entendemos por prevención, definido el problema a intervenir y las estrategias a seguir, podemos definir de la siguiente manera el perfil de las organizaciones que se proponen adelantar  en el campo de la prevención:

Una institución de prevención debe tener la capacidad para racionalizar los recursos comunitarios y organizacionales necesarios para modificar aprendizajes sociales y transformar el contexto cultural.

Para desarrollar este propósito, la institución debe cumplir con las siguientes características:

a)  Capacidad de coordinación interinstitucional para adelantar procesos de cogestión con grupos de ciudadanos y comunidades.

b)  Tener incidencia en la gestión cultural.

c)  Mantener relación estrecha con observatorios epidemiológicos y adelantar labores de investigación social y etnográfica en sus zonas de influencia.

d)  Mostrar capacidad para construir relatos sociales que favorezcan la representación de los conflictos y la dinámica de nuevos aprendizajes.

e)  Capacidad de hacer seguimiento a sus programas para dar cuenta de la aplicabilidad y asertividad de sus modelos;

f)  Mantener la diferencia entre labores de rehabilitación y de prevención, por lo que debe buscarse la independencia de las tareas preventivas o su autonomía dentro de las instituciones que tienen propósitos básicamente curativos.



La descripción cautelosa de este perfil institucional no puede llevarnos a olvidar que sólo mediante un proceso de participación comunitaria se puede definir, de manera sencilla y pertinente, los aprendizajes sociales y los valores culturales que es necesario modificar para disminuir la vulnerabilidad de las poblaciones involucradas. El papel de las  instituciones debe limitarse a ofrecer un infraestructura simplificada para el diseño de modelos operativos y para la captación de flujos financieros que permitan sacar adelante los procesos. En las sociedades democráticas el cambio cultural no puede no puede efectuarse mediante una gerencia vertical, sino a través de una gerencia transversal cuyas iniciativas se integran a procesos de fluctuación y autogestión comunitaria, teniendo presente que estamos expuestos a una dinámica de efectos imprevistos y cambios de sensibilidad que exigen gran capacidad comunicativa y de acción sinérgica con diversas poblaciones e instituciones.

Esto no quiere decir que no podamos contar con una caja de herramientas conceptuales o criterios básicos para adelantar programas de prevención orientados a frenar el consumo compulsivo de psicoactivos. Al contrario, es necesario contar con estas ideas fuerza, para no perder el rumbo y poder valorar de manera crítica nuestro trabajo. Es por eso que a manera de sinopsis englobante, procedemos a enunciar los criterios centrales que deben guiar la intervención preventiva:

I. La prevención está orientada a impedir la aparición de los comportamientos compulsivos

II. La compulsión es la conducta que busca encontrar en el consumo de S.P.A. el calor y la seguridad que no encuentran en la vida cotidiana. El consumo compulsivo de las drogas es una de las formas de consumismo contemporáneo. Al consumir la droga se busca modelos de identidad y pertenencia. Hay compulsiones permitidas ( alcohol, tabaco, estrés ) y compulsiones censuradas ( cocaína, inhalantes ) , revelando ambos deficiencias en la red interpersonal y afectiva.

III.  El consumo de S.P.A. es un problema con fuertes raíces culturales. No se consume sólo la sustancia sino los símbolos que la rodean. Sin embargo mientras el uso de psicoactivos en las culturas tradicionales refuerza valores y sistemas de pertenencia a la comunidad, en la sociedad occidental puede llevar a la destrucción de estos valores y al deterioro de los vínculos interpersonales.

IV.  El consumo de drogas es síntoma de un malestar cultural y no su causa. La drogadicción pone de presente el sufrimiento de una cultura donde la funcionalización de las relaciones interpersonales termina por deteriorar el soporte afectivo que necesitamos en la vida diaria. Fenómeno relacionado con una crisis ecológica de la interpersonalidad, caracterizada por la ruptura de los sistemas de interdependencia y aplastamiento de la singularidad a causa del predominio de modelos de productividad a ultranza.

V.  De igual manera que la drogadicción puede entenderse como una patología de la libertad, la prevención, tanto por las fuerzas inherentes a la problemática que queremos intervenir como por la dinámica necesaria para modificar los aprendizajes sociales, debe ser entendida como una educación para la libertad.

VI.  Prevenir es fomentar la autogestión de manera creativa y participativa. Es disminuir la vulnerabilidad, preparando a los individuos para ejercer su libertad al interactuar con sus conflictos.

VII.  La prevención es un trabajo de reconstrucción cultural que debe orientarse de manera prioritaria a:

Superar el analfabetismo afectivo
Cuidar los nichos afectivos
Favorecer la expresión de la singularidad
Incrementar el soporte social
Fomentar los diálogos lúdicos
Desarticular el consumo compulsivo

VIII.  Estos contenidos pueden articularse bajo un modelo ecológico que nos ayuda a orientar la ayuda preventiva hacia:

Un fomento simultáneo hacia la singularidad y la interdependencia
Impedir que se imponga en los ecosistemas humanos la serialidad del monocultivo
Cuidar los ecosistemas humanos de la polución de los diálogos funcionales.

IX.  La acción preventiva debe resumirse en la necesidad de asumir la ternura como factor protectivo por excelencia y horizonte ético que nos permite una reconstrucción cultural desde la intimidad.

RECONSTRUCCIÓN CULTURAL DE LA INTIMIDAD


La prevención debe orientarse hacia un trabajo de reconstrucción cultural y modificación del clima interpersonal, pues de la misma manera que el aire y la temperatura son determinantes para el desarrollo de los ecosistemas naturales, también la adecuada combinación de calor y nutrientes es necesaria para el buen funcionamiento de los ecosistemas afectivos. El clima emocional es uno de los factores determinantes, sino el principal, para definir el perfil de las instituciones laborales, familiares y educativas, siendo necesario aprender a calibrar los microsistemas afectivos, ajustándolos para asegurar nuestro bienestar, de la misma manera que cuidamos la adecuada combinación de calor y humedad en el semillero o ecosistema vegetal.

Para que puedan crecer las singularidades es necesario realizar controles periódicos de calidad afectiva, para estar seguros de dar y recibir un afecto propicio al mutuo ejercicio de la libertad, sin chantajes ni manipulaciones. De la misma manera que realizamos para beneficio de los consumidores, controles de calidad de los productos comerciales, debemos también realizar un monitoreo sobre la calidad de nuestros vínculos, para lo cual es pertinente establecer, en los pequeños espacios cotidianos, pactos de ternura que consisten cuidar la interdependencia, fomentar la singularidad e impedir el chantaje afectivo, para recuperar las fuentes nutricias que se han secado o incrementar la oferta de cariño que ha menguado bajo el peso de gestos endurecidos y funcionalizados. Tarea que no se diferencia mucho de la que emprende con paciencia quien decide construir una microcuenca o un humedal, de cuyo bienestar depende la vitalidad de un ecosistema.

El primer paso de la reconstrucción cultural de un ecosistema humano es sin lugar a dudas no destruir más, dejar que crezca el rastrojo, que broten nuevamente esas diferencias cuya emergencia impedía la dinámica del monocultivo. El segundo lugar es cultivar las singularidades para enriquecer el ambiente empobrecido. El tecer paso es favorecer las autorregulaciones, que suelen desaparecer cuando imponemos al ecosistema un control obsesivo y una lógica jerárquica. En fin, se trata de aprender a escuchar y acompañar en la vida interpersonal el crecimiento de las diferencias, prestando atención al cuidado de los nichos afectivos, que se han empobrecido por la ausencia de estimulación táctil o por la falta de actitudes de respeto y reconocimiento.

Como la predisposición al consumo de S.P.A. suele estar relacionada con una deprivación somato-sensorial que impone en los primeros años de vida una estrechez vivencial al yo corporal, el trabajo preventivo debe orientarse de manera especial a una recuperación de la vivencia del tacto. La más urgente necesidad que debe suplir el nicho afectivo es la del tacto y el contacto, pues incluso en los nichos adultos donde se impone la distancia corporal, los gestos de cortesía y reconocimiento aparecen como sustitutos socializados de la relación piel a piel, tan necesaria para el bienestar humano. Negar al interior del nicho afectivo la posibilidad del tacto, bien en sus normas primarias o en sus manifestaciones socializadas, es tanto como impedir al sediento que tenga acceso al líquido que calmará la sed, o negarle el aire puro a quien se siente asfixiado.

Se configura así una experiencia de violencia en la intimidad que deja una huella profunda en la estructura psíquica, prestándose como terreno propicio para la compulsión de la compulsión adictiva. Todo caso de drogodependencia revela, en el fondo, un mecanismo de chantaje afectivo que el adicto denuncia a la vez que perpetúa. El compulsivo intenta contrarrestar, mediante la exaltación narcisista de sus deseos, la tristeza de una infancia pasada en manos de pedagogos enamorados de su propia voluntad y de padres temerosos de su entrega de cariño. No tiene por eso sentido de seguir exaltando la magalomanía y la necesidad de reconocimiento, mientras se priva al sujeto de la experiencia del tacto. Chantajear afectivamente al niño y violentarlo en su intimidad, mientras se lo exalta en su yo imaginal en detrimento de su yo corporal, es convertirlo en un candidato seguro al infierno de la adicción.

Es necesario llevar a las personas a tomar conciencia de la existencia de sus nichos afectivos, invitándolas para que se representen en la estructura de sus redes de interdependencia. Desde una dinámica preventiva resulta prioritario despertar la necesidad de cuidar y proteger estos abrevaderos de cariño, pues a diferencia de otros animales que se muestran muy celosos con los nichos de donde obtienen subsistencia, los seres humanos descuidamos nuestros nichos afectivos, lo que nos coloca en situación de extrema fragilidad. Si se reconoce la importancia de mantener nuestras redes de interdependencia a la vez que favorecemos el crecimiento de las singularidades, estaremos fomentando un gran factor protectivo en la esfera de la salud mental y disminuyendo el riesgo de la aparición de la compulsión.

Al ejercer gran presión sobre el nicho afectivo, invadiéndolos con diálogos funcionales y chantajes afectivos, la sociedad contemporánea limita las posibilidades de diálogo lúdico y exploración cálida del mundo interpersonal, debilitando la matriz de seguridad afectiva que sirve de soporte a la emergencia de la singularidad. Es por eso prioritario aprender a combinar, en los diferentes espacios de la vida diaria, las modalidades funcionales con las lúdicas, respondiendo a las demandas operativas sin poner en peligro la frágil biodiversidad de nuestra vida psicológica y cultural.

Seguir atenidos a un modelo de sociedad competitiva que no fomenta las actitudes de solidaridad básica puede conducirnos a una vulnerabilidad creciente, condenados a padecer desgracias recurrentes. Reconocer la validez de la competencia, pero sin negar a los demás los soportes sociales y afectivos que les dan la oportunidad de elegir y crecer, sigue siendo la mejor manera de fomentar la diversidad a la vez que cultivamos una sana interdependencia.

Agradeciéndoles por la atención que brindaron a este documento del Dr. Luis Carlos Restrepo, me permito sugerir lo estudien, analicen y compartan para fortalecer la intervención preventiva con argumentos tan válidos como los que nos presenta Restrepo.
Un abrazo.